El objeto más grande del universo es un agujero, un agujero de 1,8 mil millones años luz. Lo llaman "supervacío", aunque en realidad debe haber unas 10000 galaxias perdidas dentro.
Supongo que si incluso en ese agujero tan gigantesco hay algo, existe la posibilidad de que dentro de mí también. Puede que una luz muy pequeñita, el viejo sol de un sistema planetario olvidado, siga alumbrando y dando calor a esta escarcha que parece haber cubierto mi alma.
Quizás alguien, quizás incluso yo misma, se atreva a asomar la cabeza por el precipicio y vea que esa dolorosa brecha espacio-temporal no es la única salida de este laberinto universal.
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